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Como arqueros al blanco, la ética recuperada

La metáfora del arquero que apunta al blanco es la figura que utiliza Aristóteles para explicar la ética.

Busca el arquero un blanco para su flecha, y ¿no lo buscaremos para nuestras vidas?

Este blanco al que se refiere el filósofo es el bien, aquello que queremos y buscamos por sí mismo y hacia lo que todas las cosas tienden. Para Aristóteles, aquello que elegimos por sí mismo es la felicidad (eudaimonía), sólo que su idea de felicidad es una especie de bien supremo al que llegamos cuando logramos un equilibrio entre lo que hay que hacer y lo que realmente hacemos.

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Es muy interesante y viene muy a cuento rescatar el pensamiento de  Aristóteles y de todos los pensadores que han seguido y desarrollado estas ideas. Estamos en un momento en el que parece necesario recuperar  los valores que habíamos querido ignorar, pero hemos llegado a la conclusión de que las cosas no funcionan bien así.

Esta vuelta de la ética bien entendida como esa búsqueda de la felicidad puede rescatarnos de una cierta deshumanización en la que nos vemos inmersos.

En palabras de Adela Cortina, la ética es un constante descubrimiento de las sendas que hay que hallar en dirección a la autorrealización del ser humano. Éste es el blanco al que apuntan nuestras flechas; La autorrealización del hombre y su felicidad.

La ética aplicada a las diferentes áreas de nuestra vida, nos lleva a la política, entendida en el sentido griego de polis, es decir, aplicada a la vida pública o social. La ética no puede quedarse sólo en el ámbito privado aunque tiene que empezar en él, y tiene que estar interiorizada en nuestra vida y nuestro comportamiento. Pero esto exige una actitud de disposición y reflexión, sobre nuestras opciones, nuestros valores.  Somos libres en nuestra capacidad de decidir, pero hemos de ser conscientes y responsables de las decisiones que tomamos.

Quiero pensar que estamos ante un renacer de la ética porque vemos su necesidad y su utilidad. La relación del hombre con la naturaleza ha cambiado, y como explica Heidegger, el reino de la organización amenaza al hombre en su ser mismo, en el camino de encuentro con su humanidad. Por eso, hacen falta nuevas respuestas, hay que adaptarse a una nueva realidad social.  Escuchamos hablar más que nunca de la necesidad de líderes con valores, de empresas orientadas a valores. Hablamos de responsabilidad en las instituciones, en la sanidad, en los gobiernos… Pensábamos que todo valía o podía ser, pero no es así. La ética nos devuelve parte del humanismo que hemos perdido y rescata ese abanico de valores para que elijamos los nuestros.

Completando las ideas de mi querido Aristóteles, Fernando Savater, nos hace caer en la cuenta de que la condición indispensable para la ética, es la de saber que no todo vale, no todo da igual. Y ante esta condición nuestra actitud, la actitud de estar decidido a no vivir de cualquier forma.

Me parece destacable e interesante la idea del liderazgo con valores. Si pensamos en las características de un líder, casi todas van asociadas a valores.  El líder extraordinario es aquél que además de su carisma y talento, sabe transmitir valores y sacar lo mejor de cada uno de sus colaboradores. La formación, hoy más que  nunca exige una ética recuperada.

Nuestro camino hacia la felicidad pasa por la práctica de ciertos hábitos virtuosos, lo mejor será hacer de esas virtudes una forma de vida y de conformar la sociedad.

La ética tiene todo o mucho que ver con descubrir la mejor forma de vivir, es como un manual de del arte de saber vivir, del que también escribió Baltasar Gracián. Seamos con nuestras vidas, como arqueros que buscan y apuntan a un blanco, nuestro blanco es la felicidad.