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Deconstruyendo la realidad

Creo que el término deconstrucción nos resulta familiar por su uso gastronómico. Es Ferrán Adriá quién lo pone de moda en los noventa en su restaurante «El Bulli». Denomina deconstrucción a algo así como descomponer los ingredientes de un plato.

La deconstrucción en términos gastronómicos nos sirve para entender el término, se trata de descomponer el plato  en sus  ingredientes, ir al origen, quedarnos con lo esencial despojándolo de todo lo añadido. Así, una tortilla de patata tal y como la conocemos queda reducida a huevos, patatas, aceite y sal.  Con estos ingredientes podemos hacer mil variaciones pero se supone que nos seguirá sabiendo a tortilla de patata, o a lo que queramos que sepa…porque Adriá también juega a intensificar sabores, modificar texturas,… pero, ahí no vamos a entrar.

La deconstrucción en filosofía y literatura viene a ser algo parecido pero con conceptos;  Partimos de filósofos como, Aristóteles, Descartes o  Heidegger,..  Es Jacques Derrida  quién acuña el término y sistematiza su uso. Lo toma de la destruktion de Heidegger que está ligada al concepto de tiempo.

Lo interesante de la deconstrucción es que intentamos descubrir cómo se ha construido un concepto a lo largo del tiempo, de la historia, y lo hacemos a base de una especie de destrucción metafísica, de una reducción a la nada.

Si nos aficionáramos a esto de la deconstrucción de la realidad tal vez hubiera esperanza de recuperar dos cosas fundamentales que hemos ido perdiendo: en primer lugar, la curiosidad. Ésa que nos conduce a querer saber, a preguntarnos el porqué de las cosas. En segundo lugar, saber argumentar. Qué envidia me dan esas conversaciones en las que se expone,  se argumenta, se rebate. Ésas en las que no hace falta estar de acuerdo y se disfruta escuchando, aprendiendo porque hay argumentos!

No todo vale, no todo es relativo y la prudencia es necesaria para opinar, aunque parece que nadie lo tiene en cuenta. Una opinión válida exige un esfuerzo previo de formación e información. Entonces podremos ir a las fuentes, podemos ofrecer un razonamiento válido y un pensamiento estructurado.

siempre se ha hecho así!

Argumentos indiscutibles y razones poderosas como es «así de toda la vida», «todo el mundo lo sabe», resultan difíciles de rebatir. O utilizar una de las más peligrosas frases de nuestro lenguaje; Siempre se ha hecho así.

 

Debiéramos tomar como costumbre dudar de todo aquello que tenemos por verdades evidentes, e indagar su origen. A la manera cartesiana podemos creer que hay un cierto genio maligno que nos engaña, así tenemos que dudar de nuestros sentidos. Este es el culmen de la duda metódica de Descartes.

 

 

Descartes

“Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas, una vez en la vida”

Con esta hipótesis nos cuestionamos la legitimidad de todo lo que conocemos y damos por válido y real. Sólo llegamos a la conclusión de una verdad indudable, el famoso Cogito. Es decir,  que pienso, luego, existo.

Yo propondría este método cartesiano deconstructivo, como asignatura obligatoria en el colegio, en la Universidad, en todos los ámbitos formativos: enseñar a pensar, a dudar, a preguntarse y a responderse ¡es necesario!. De esta manera, buscaremos el conocimiento por sí mismo. Hay que enseñar a argumentar con razonamientos válidos, sólidos, con fundamentos. Hay que indagar en el origen de los conceptos, de los acontecimientos, de todo lo que nos viene dado y damos por bueno y verdadero.

Este genio maligno nos empuja a dudar para querer conocer la verdad. Vivimos inmersos en un mundo de credulidad que provoca desconfianza. ¡Empieza a dudar!