+34 678 644 570

La estética de la convivencia

El hombre es un ser social por naturaleza, un animal político, como diría Aristóteles. Esto quiere decir que hacer su ser en relación con otros, lo cual conlleva un duro aprendizaje.

A lo largo de los siglos el hombre ha logrado numerosas conquistas en pos de la civilización. Sin duda una de ellas es el ritual de los buenos modales y la cortesía. Es un tipo de contrato o convención social imprescindible para que podamos interrelacionarnos de una forma humana y estética.

Es un hecho constatable que la educación en valores cívicos no atraviesa su mejor momento. Parece estar de moda todo lo contario, lo cual supone un retroceso en nuestro proceso de civilización. No hay nada de moderno en ser maleducado y grosero, más bien todo lo contrario.

Estas convenciones sociales que nos ayudan a ser menos bárbaros son antinaturales y artificiosas, como escribe Fernando Savater en uno de sus últimos artículos. La cortesía consiste en esforzarse y tomarse molestias, y la grosería es tan sólo una forma de pereza. ¡Gran verdad!

Tantos siglos de trabajo para diferenciarnos de las bestias y conseguir relacionarnos con cierta armonía, no merecen que infravaloremos los esfuerzos de generaciones pasadas.

Existe en nuestra sociedad una carencia de empatía, simpatía y compasión lo cual se traduce en ausencia de cortesía, señala E. Morin en una de sus últimas obras. Esta carencia de comprensión se produce en el seno de una misma empresa y de una misma familia.

El origen está en la misma educación.  Ya no consideramos importante enseñar a los niños ciertas herramientas sociales. Es extraño que un niño le otorgue importancia a saber sentarse correctamente, saludar, dar las gracias, pedir las cosas por favor, o tratar con respeto a los mayores. Pero los niños, al fin y al cabo sólo hacen lo que ven hacer, y sólo pueden aprender lo que les enseñamos.

Esta crisis de civilización generalizada afecta en gran manera a las organizaciones. Hoy más que nunca se habla de la resolución de conflictos, de las técnicas para trabajar en grupo, y se utilizan muchas dinámicas y juegos prácticos. Se repiten continuamente en el vocabulario de los Recursos Humanos los términos empatía, asertividad, comunicación,…

Lo que hoy denominamos asertividad era hasta hace poco tiempo educación y buenos modales. Y era impensable que te dieran un curso de formación para que hablaras con suavidad, y respeto, dando prioridad al diálogo en lugar de al discurso agresivo. Pues, sí señores hoy necesitamos cursos para ser asertivos, o sea, educados.

Estoy convencida de que no resultaría necesario hacer tantos cursillos de comunicación y asertividad si cayéramos en la cuenta  de que con cortesía, educación y respeto  la convivencia en nuestros centros de trabajo y el trato con nuestros compañeros sería mucho más llevadero,  volveríamos a ver como normal lo que hasta hace poco lo era.

No podemos olvidar la gran importancia del lenguaje. El lenguaje es nuestra forma principal de comunicarnos, por esta razón hay que cuidarlo. Algunas teorías de filosofía del lenguaje reconocen el lenguaje como clave en el proceso de socialización resultado del conjunto de interrelaciones personales e interacciones con otros lingüísticamente mediadas (G.H. Mead). Hay ciertas palabras malsonantes que se utilizan a diario tanto en un contexto coloquial, como en un contexto profesional o docente. Creo que no debiéramos restarle importancia a este hecho. Es una falta de respeto que muchos docentes, personas que imparten formación,  y personas que ejercen cargos de responsabilidad en las empresas se dirijan a otras personas utilizando un lenguaje inapropiado.

 

protocolo

Creo muy necesaria la formación en buenas maneras, cortesía  y protocolo. Esta palabra nos suena pomposa, pero se refiere a una serie de reglas ceremoniales establecidas por costumbre. Es lo que normalmente entendemos por una educación más delicada y rigurosa.

Existe una carencia importante  también en el mundo empresarial. Nos enfrentamos a problemas de convivencia en nuestras organizaciones.

Así mismo los cargos de responsabilidad, ejecutivos y directivos muchas veces no poseen la preparación suficiente para enfrentarse a retos multiculturales y a la gestión de la diversidad.

Esta necesidad de formación en protocolo y educación multicultural es más apremiante que nunca en un mundo globalizado, en el que todos los ciudadanos compartimos una comunidad de destino común que nos une por una especie de intersolidaridad que respeta a su vez las diversidades culturales. Esta realidad diversa y multicultural tiene que basarse en el reconocimiento de nuestras diferencias y establecer nexos de cohesión a través de un protocolo social.

Hoy más que nunca necesitamos una educación que nos ofrezca herramientas para consolidar una civilización que nos haga encontrar lo que nos une y humaniza. Que nos haga más sensibles al querer de los demás, y prefiera su conveniencia a la nuestra. Sea bienvenido todo lo que nos discipline y nos ayude a esforzarnos por construir un mundo más agradable.