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La sostenibilidad no piensa en azul

Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos. François de La Rochefoucauld

Tal vez esto sea lo que le ha pasado a Volkswagen, y es que de tanto trucar la realidad uno puede llegar a creérsela. Parece que este es el fin del BlueMotion de Volkswagen, es decir el movimiento ecológico con el que han sostenido su imagen de marca sostenible en los últimos años.

Hace unos días( 14 de septiembre de 2015 ) aún publicaban en su web corporativa este titular: Volkswagen anuncia grandes progresos en su programa medioambiental “Think Blue. Factory”*

think blue

La noticia no tiene desperdicio con afirmaciones como ésta: Desde 2011, se han implementado más de 3.400 proyectos medioambientales en las plantas de Volkswagen de todo el mundo…La producción de la marca Volkswagen ya es un 24% más respetuosa con el medio ambiente…

En fin, no quiero hacer leña del árbol caído porque ya bastante caído está. Noticias como esta sólo producen tristeza y una profunda decepción porque en el fondo, esto no es más que una traición a todos los que han confiado en la marca: los clientes, proveedores e incluso los empleados de Volkswagen que no han tomado parte en esa decisión. Y la confianza a veces es difícil, o imposible de recuperar.

Tristeza, también porque esto demuestra que aún pesan las decisiones que se toman teniendo en cuenta sólo los resultados económicos a corto plazo, sin pensar en nada más, y mucho menos en la responsabilidad y la sostenibilidad.

Qué razón tenía Maquiavelo con eso de las apariencias, “Todos ven lo que aparentamos ser”. Pero no basta con aparentar: la mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo, se atribuye a Julio César.  Lo grave es quedarse sólo en la apariencia. Pero es que ¡hay que serlo!

El caso es especialmente delicado porque el movimiento azul de Volkswagen formaba parte de su sólida estrategia de “marca sostenible” y como tal figuraba en el Dow Jones sustainability index, del que han sido ya expulsados.

Las empresas pueden tener la tentación de caer en este tipo de debilidades,  pero eso sucede porque en realidad no son responsables. Toda esta reflexión reafirma más mi convencimiento de que la «Responsabilidad» finalmente y definitivamente es una cuestión ética, y eso es algo muy serio. Es ni más ni menos que hacer las cosas bien, realmente bien, desde dentro hacia fuera y no a la inversa. Sin maquillaje y sin disfraz.

La ética se traduce en acciones y comportamientos porque es una práctica individual. Viene a ser algo así como aquello que hacemos cuando estamos solos y nadie nos ve, los principios que nos mueven tienen que ser los mismos en ese momento que cuando estamos en público. Digamos que la mujer del César tiene que ser igual de honrada cuando aparece en actos públicos y cuando va ella sola al mercado a comprar.

Las empresas no son máquinas, si no que están hechas de personas. Una empresa no puede ser ética si sus personas no lo son, o en este caso, su comportamiento no lo es. No podemos obviar la idea fundamental de que la Responsabilidad social empieza por uno mismo y de que no es un concepto aislado e intangible del que se puede alardear porque se coloca cual pegatina de adorno.

Habría que ser más cuidadosos con la selección de las personas que están al mando; priorizar en los cargos directivos de las empresas la ética, la responsabilidad y la prudencia como las competencias principales para llegar a estar en esos puestos.

Querer  figurar en índices de sostenibilidad y utilizar la RSE sólo como herramienta de marketing  puede traer consecuencias desastrosas tal y como estamos viendo en el caso Volkswagen. A veces la avaricia es mala consejera y vestirse el disfraz de la responsabilidad es una gran imprudencia, la peor idea que puede tener una empresa hoy en día y sin duda, nada ética.

Conviene no olvidar el triple propósito de la Responsabilidad social empresarial, en el que los tres objetivos son fundamentales y están unidos. Podemos verlo muy claro en el caso Volkswagen:  El primero es que una empresa sea responsable y sus decisiones tengan siempre como mira el desarrollo económico sostenible. La fatal decisión de auto-sabotaje de Volkswagen ha puesto en riesgo la sostenibilidad económica de la empresa con las graves consecuencias que puede tener eso para sus miles de empleados y todas las empresas que a su vez, dependen de ellos.

Por otro lado, el daño a la economía local y global, es decir a la comunidad. Las consecuencias fatales para su imagen y el fatal ejemplo para otras empresas. Por último, el aspecto medioambiental es bastante evidente en el fraude de Volkswagen. Mucha gente se decidió a comprar un vehículo Volkswagen en sus momento por el tema de las emisiones, ¡qué lástima descubrir ahora este engaño!

 

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Este panorama ¡es triste sí! Pero es tan sólo la excepción que confirma la regla. No hay que desanimarse sino, trabajar más duro. La clave está en el cambio y la transformación desde la educación. Hay que formar en conciencia y la conciencia de empresas y personas.

Este caso nos va a ayudar a todos a hacer las cosas mejor y con más cuidado. Esperemos que Volkswagen pueda algún día recuperar su reputación y que no tengamos que recordar su BlueMotion así

 

 

 

 

 

 

 

La ética o la moral deben de entenderse no solo como la realización de unas cuantas acciones buenas, sino como la formación de un alma sensible. Victoria Camps

 

 

*http://comunicacion.volkswagen.es/actualidad/notas-de-prensa/volkswagen-anuncia-grandes-progresos-en-su-programa-medioambiental-think-blue-factory__887-889-c-42281__.html